No llegó.
Apareció.
Como si el aire la hubiera dibujado en la habitación, suave, silenciosa… inevitable.
La luz se queda en ella.
No la ilumina… la sigue.
El encaje se posa sobre su piel como si ya le perteneciera, como si siempre hubiera estado ahí, esperando este momento exacto. No hay prisa en sus movimientos, solo una calma que desarma.
No seduce de la forma evidente.
Lo suyo es diferente.
Es esa sensación de querer acercarse… pero no saber si se puede.
De mirar… y sentir que estás viendo algo que no debería tocarse.
Se mueve como si flotara entre lo real y lo imposible, dejando una estela que no se explica… solo se siente.
Y cuando desaparece, porque lo hace…
no deja vacío.
Deja duda.
Porque hay presencias que no se quedan…
pero tampoco se olvidan. ✨
